Sin prisas en la cuneta

27.05.2014 22:18

Ayer volvía de hacer unos recados a las afueras del la ciudad y vi unas flores preciosas que crecían en la cuneta. Las he visto todas las primaveras aquí en Dinamarca: vistosas, altas con cientos de florecitas que se agrupan alrededor de un tallo central. Son de color rosa, lila o blancas y tienen una hojas tipo palmas, que se parece a la planta de la marihuana. Siempre pienso: " Que bonitas, seguro que mi madre se pararía a cortarlas". Lo hacíamos muchas veces, lo de pararnos en la cuneta, y no solo por falta de cuarto de baño, lo cual era muy habitual, siendo nosotras cinco hermanas. Sobre todo si era un viaje largo; nos llevábamos bocadillos y nos sentábamos en el suelo, y ¡¡ya esta, una excursión!!
Recuerdo a mi padre sacando esa mesa de camping, que se cerraba como una maleta y tenia dentro varias sillas plegables…que eran mas bien para ellos, los padres, a las niñas no siempre nos tocaban sillas. Esos picnics, como le dicen hoy mis hijos, no son corrientes en los tiempos que vivimos, no hay "campo-campo" ni tampoco cunetas como los de antes y siempre hay taaaanta prisa. Y no, no es lo mismo llevarse la cestita y manta primorosas que a veces he preparado para irnos al parque de la ciudad.
¿Donde quedan aquellos viajes en el Renault familiar que duraban hoooooras y obligaban a hacer el consabido parón de bocadillo? Ahora tomamos aviones, siempre aprisa.

Hace un par de años lleve a mis hijos a Hamburgo, que queda a unas horas de nuestra ciudad en coche, y cuando nos paramos, lo hicimos en un restaurante de carretera que parecía mas una cafetería futurista, con zona de recreo para los niños y aseos con con limpieza automática del asiento.

Estamos perdiendo las cosas sencillas, todo esta super-preparado y delimitado, poco queda a la espontaneidad del momento. Vivimos en la prisa, las pautas y el "mejor si me lo dan hecho". E incluso para que nuestros hijos vivan algo parecido a lo que nosotros vivimos, lo planeamos todo con antelación.

Finalmente ayer m
e decidí, me paré allí mismo, en la cuneta al lado de IKEA y corté un montón de flores mientras algunos conductores me pitaban enfadados, seguro que iban a algún recado apremiante. Salí de allí muy contenta, con flores desparramadas por todo el coche, algunas  se las dí a una amiga y otras adornan majestuosas hoy mi salón.  "Que bonitas mama, y además no han costado nada" me dice mi hijo.

 

 

 

 Meto mi mano en el bolsillo de mi rebeca y encuentro una de las florecillas que inundan todavia hoy el asiento de mi coche y que posiblemente tardaré en limpiar meses, porque siempre hay tantas cosas que requieren mi atención urgente.

 

Marina RR