De vacaciones solo con un libro.

08.08.2014 01:14

Envidio a los que dicen : " me voy de vacaciones solo con un libro".

Yo no se como me las arreglo que me vaya sola o vaya con toda la familia, llevo el coche cargado de cosas. Si me voy un  mes o me voy una semana, si voy a pasar frío o a la playa la maleta casi hay que sentarse encima para cerrarla. Y eso que odio aplastar las cosas. 

Pero es que el primer día de vacaciones te entra una energía tal, que te crees capaz de hacer todo lo que te ha faltado en el año. En la bolsa de aseo metes todos mini chismes que has comprado durante las mañanas de los sábados, la maquina de la pedicura, el cepillo eléctrico de limpiar la cara, las cremas de las manos y la caja de crema de coco super hidratante para las miles de horas de sol que piensas tomar, crema antiarrugas, mascarillas de arcilla, de aloe, de pepino y hasta de gazpacho. Pintura de uñas dorada y rulos para el pelo. Después de meter todo el kit de belleza completo empiezas la operación bikini, aunque algo tarde, meto la ropa de deporte, los zapatos que compre con color gris para no hacer el ridículo en el gimnasio y así parecer gastados, el  pantalón de deporte que no se sabe ni de que talla es y camisetas viejas para sudar tanta carrera, las pesas y hasta el banco de abdominales. 

Como me va a dar tiempo a todo, mi cámara con todos sus objetivos y hasta el trípode, la caja de luz la voy a dejar en casa porque voy a salir temprano y hacer exteriores (¡ Seré infeliz! ). Y por supuesto la caja de costura y las telas( las conozco que meten la maquina de coser...) y la cajonera de manualidades de los niños para hacer fofuchas; que el año pasado no me dio tiempo y se me acabó el verano.

 Uf! Se me esta llenando el maletero y todavía me quedan las cosas de la nevera! Que si cierro me las tengo que llevar... 

Ah! ¡Que yo también me llevo libros, para leer de noche y no uno sino tres! y un ipod para escuchar música mientras hago yoga. 

Mi ropa de fiesta para las noches chic de Marbella y ... Las tijeras de podar para los rosales del campo en Navasfrias.  

Estoy empezando a estar cansada de tantas cosas como he hecho ya... Me falta el Ipad! Que sin él no puedo escribir nada... 

Me monto en mi coche cargado de chismes, tras dos horas de sortear camiones y coches franceses con el techo lleno de colchones y bicicletas, veo la playa azul con la montaña a sus pies casi adorando las olas... Tal como llego, empieza un clásico sopor al oír el rugido del agua en las rocas y un olor a mar en calma; saco del cajón del año anterior un bañador y de la librería uno de los libros antiguos, me siento mirando al mar dejando las maletas tal y como están, y así se quedan casi hasta el día de la vuelta.

Lo cierto es que Marbella es un lugar mágico. 

Es una pequeña villa de pescadores en la que se funden los habitantes semi perennes de países norte-europeos que buscan el sol como caracoles como andaluces de campo. Al contrario de lo que se piense, Marbella no es una ciudad  artificial, esta hecha por sus orgullosas gentes para que sea admirada desde el resto de España. Las calles están pintadas de blanco para el calor, y las macetas de los balcones son azules, como en lo puertos de mar,  la mayoría de las veces; geranios de colores y plantas de un verde intenso por todas partes, combinando su color con buganvillas,  jazmines y al atardecer, Dama de noche enamorando cada rincón con aroma de verano. Mirando a las ventanas, visillos holandeses y cositas decorativas en el  alféizar. Es curioso ver como la Navidad empieza a primeros de Diciembre como en Londres y termina en Reyes como en Malaga, viven Halloween con calabazas y la procesión de la Virgen del Carmen con misa, ofrenda, párroco y flores. Contrastes que conviven con gestos de urbanidad europea

La cafetería que abre el centro histórico con churros para desayunar, da paso a una francesa tienda de jabones con cuadros vintage. Al lado de la mercería del barrio donde buscas cremalleras, hilo para ojales y botones hay una tienda de manualidades de Petit Point en la que solo un cuadro cuesta lo mismo que todo el escaparate de la tienda de Fotografía que le sigue. Tiendas de ropa londinense, junto a joyería de lujo y una pescadería. En la fruteria una mujer de luto, consu delantal y su redecilla  negra sujetando el pelo, despachando fruta del día; al salir, otra mujer de negro, esta vez con un burka, sus zapatos de deporte asomaban timidos por el borde. 

Una ciudad en la que Encuentras hasta no que no  necesitas, una ferretería para montar tu propia casa en el jardín o la gomita redonda que te falta para arreglar un grifo. Una peluquería especial para niños, para perros, para adultos y hasta para góticos. Y si hablamos de comer; chino, japonés, tailandés o vietnamita, indio, turco o griego,  y por supuesto italianos, de todos tipos, y argentinos de tapas o platos, de pinchos, de pescaito para españoles y de pescaito para guiris, caros y baratos, pequeños y descomunales...

 A pie de playa, juegos de colchonetas para niños y mayores, oferta de karts, campamentos de verano para personajes de cualquier lugar del mundo. Aprender idiomas o manualidades, profesoras polacas o rusas dispuestas a ir a cualquier rincón de la montaña a cuidar de los niños, disfrutar del sol y las playas de esta parte de Europa

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Pero ante todo la amabilidad de un pueblo que vive la ciudad como propia, cada vecino venga de donde venga esta orgulloso de su ciudad y así la viven, ofertando al visitante un poco de su vida. Trabajadores incansables, que abren un pequeño restaurante entre dos en una callecita estrecha, empiezan con dos mesas y año tras año consiguen poner cuatro,cinco o más; pintan la pared, arreglan las flores y mantienen las luces de los faroles, para darle un romántico toque de su propia vida a cada una de sus cenas.

Y es que descansar aquí, significa observar a la gente, fotografiar su imagen de invierno y de verano y escuchar el sonido del mar, disfrutar del viento de levante que siendo fresco, se va a dormir a las nueve, para dejarte admirar la luz de la cosmopolita luna sobre el agua de un puerto lleno de vida.

En el bolsillo de mi rebeca... mi cámara de fotos y un libro. ¿Para qué más?. 

Mercedes L. Uralde.